GUIA PARA COMPRAR UN ORDENADOR. 3ª PARTE: LA CAJA

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Continuando con esta serie de artículos para orientarte en la compra de un ordenador, hoy vamos a ver un componente al que muchas veces apenas se le da importancia y otras se le da demasiada: la caja.

A la hora de elegir la caja, además de la estética, hay factores que debemos tener en cuenta, ya que van a repercutir en el tipo de ordenador que podemos montar y en la comodidad de uso. El primero es el tamaño: elegir una caja que sea adecuada para los componentes que vamos a instalar y para el espacio que le vamos a dedicar. Hay varios tamaños de cajas: las “mini”, que tienen la ventaja de que ocupan poco espacio y suelen estar diseñadas para no desentonar en un salón o en un despacho bien decorado. Por su tamaño, no admiten cualquier tipo de placa base (sólo los formatos micro-ATX y /o mini-ITX, que son los más pequeños). También están limitadas en el número de unidades de almacenamiento (discos duros) que admiten, que suele ser uno o dos, el espacio para la unidad óptica suele requerir que se monte una fina, de tipo “slim” como las de los portátiles. Y no admiten cualquier tarjeta, necesitando que sean pequeñas y de perfil bajo (esto limita muchísimo las opciones a la hora de elegir una tarjeta gráfica). Este formato puede ser adecuado para un ordenador que se va a utilizar principalmente en el salón, como centro multimedia, o para usos en los que prima el ahorro de espacio (por ejemplo en el mostrador de un comercio o en oficinas reducidas). Algo que también hay que tener en cuenta es que las cajas de este formato, así como las placas, y tarjetas y fuentes de alimentación adaptadas a ellas, suelen ser más caras que las de tamaño más grande.

Si dispones de espacio, lo ideal es elegir un formato de torre. Las más comunes en los ordenadores económicos son las de formato “minitorre ATX”, de tamaño mediano. Suelen contar con espacio para entre dos a cuatro discos duros y dos bahías de 5 ¼ (las que suelen utilizarse para las grabadoras de DVD). En este tipo de cajas, la fuente de alimentación suele ubicarse en la parte trasera superior, para dejar libre el espacio de las ranuras PCI de la placa base. Esto es un inconveniente porque el calor de la fuente aumenta la temperatura del procesador y la placa en general, y además limita el tamaño del disipador que podemos instalar. Aunque, teniendo en cuenta que este tipo de caja no está pensado para ordenadores en los que se vaya a realizar “overclock” o se les vaya a dar mucha caña, es un inconveniente menor. El tamaño de la caja también limita el de las placas bases y de las tarjetas que se pueden instalar en ellas. Si quieres una caja económica para montar un ordenador básico y con pocos componentes “extra”, este formato te viene bien. Si tienes pensado ponerle varios discos duros, una tarjeta gráfica de gama media y alguna tarjeta PCI extra (por ejemplo, para WiFi), se te quedará pequeña y, aunque los componentes quepan, el flujo de aire en el interior de la caja no será bueno, lo que dificultará la refrigeración del equipo.

En ese caso, lo mejor es decantarse por un formato “semitorre”. Este tipo de cajas suelen tener suficiente espacio para cubrir las necesidades de la mayoría de los usuarios. Admiten placas de formato ATX y suelen disponer de entre cuatro y ocho bahías de 3 ½ para discos duros; en cuanto al número de las de 5 ¼ es muy variable, normalmente tres o cuatro aunque la tendencia en muchas cajas de tipo “gaming” es suprimirlas. Dentro de este formato hay variación de tamaño. Las más grandes suelen estar preparadas para las tarjetas gráficas de gama alta y para poderles instalar disipadores grandes, e incluso sistemas de refrigeración líquida. Es muy conveniente que elijas una que tenga el espacio para la fuente de alimentación en la parte inferior, ya que repercutirá en la refrigeración general del sistema.

El formato “full tower” o “supertorre” es el más grande. Es el adecuado para ordenadores que necesiten mucha capacidad de ampliación: gran número de discos duros, varias tarjetas gráficas de gama alta montadas en SLI o Crossfire, sistemas de refrigeración líquida… También hay que tener en cuenta que la estética de este tipo de cajas suelen ser las más molonas. Por eso son las preferidas de los “gamers”.

En cualquier caso, y elijas el tipo de caja que elijas, hay algunas cosas que es bueno que tengas en cuenta. La primera es la refrigeración. Un buen flujo de entrada de aire fresco y salida del caliente es esencial para evitar que el ordenador trabaje a temperaturas demasiado altas, lo que disminuye el rendimiento y acorta la vida de los componentes. Normalmente esto se consigue combinando ventiladores frontales o laterales que se encargan de meter en la caja aire del exterior, mientras que los traseros y superiores lo sacan. Además de la correcta configuración de los ventiladores, es muy importante un buen montaje que no deje los cables “por medio”. Cualquier caja de calidad mínima da la posibilidad de pasar los cables por detrás de la placa, facilitando así la refrigeración (y mejorando bastante la estética, de paso). El ruido también es importante. Cuanto mejor sea la calidad de los materiales, menos vibraciones y, por tanto, menos ruido generará. Para los maniáticos del silencio, hay cajas que tienen revestimientos especiales para el aislamiento acústico. La limpieza también hay que tenerla en cuenta. Con los ventiladores introduciendo aire continuamente en la caja es inevitable que entre polvo. Este se acumula y apelmaza con el calor, aumentando el recalentamiento de los componentes y pudiendo llegar a obstruir los ventiladores, provocando que giren a menos velocidad y que hagan más ruido. Hay cajas que incluyen filtros que reducen bastante la entrada de suciedad al ordenador, aunque no totalmente. Un buen montaje con los cables recogidos retrasa bastante la acumulación de suciedad, aunque una limpieza periódica siempre será indispensable.